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Tomás Moro y su Utopía   José Gómez Cerda

Tomás Moro y su Utopía

 

José Gómez Cerda

 

Mi último libro es “Tomás Moro, político y Gobernante”, un personaje de importancia general, sin embargo, muy desconocido en muchos sectores.  El es el patrón de los políticos y los gobernantes, sin embargo, pocos conocen su grandiosa obra.

 

Además de ser un modelo para los abogados, los juristas, los laicos católicos, como político, presidente de la cámara de los comunes en Inglaterra, canciller y mártir por defender sus principios y convicciones, él escribió uno los libros políticos de mayor transcendencia;  UTOPÍA.

 

En el caso concreto de “Utopía”, la estructura de la obra y la técnica del diálogo que emplea su autor, hacen de ella una obra que cumple a la perfección lo que se propone tratar sobre la mejor forma de una comunidad política.


Tomás Moro no busca programas de acción inmediata –tarea que corresponde a los cristianos bajo su personal responsabilidad- sino líneas maestras y principales para la edificación de una futura sociedad.

 

El punto de partida de Moro no es una búsqueda de lo que sería idealmente justo en el mundo, sino un método eficaz de trabajo para exponer lo que realmente tenía de malo la sociedad de esa época.  Utopía es lo contrario de un Estado próspero en desarrollo económico.

 

Y si no se dan allí las matanzas o revueltas porque se trata de un Estado en el que los valores espirituales y materiales se desarrollan al mismo tiempo, en un sistema de libertad y tolerancia, que encamina toda actividad hacia el servicio comunitario, haciendo que la isla entera constituya una especie de única y gran familia. Utopía es un instrumento de reflexión -con un método sin duda peculiar, novedoso y eficaz-, para la búsqueda de un mundo mejor.

 

Destacamos tres temas de esa obra que consideramos especialmente relevantes:


  1. La supresión del dinero,

  2. Eliminación de la propiedad privada; 

  3. La dignidad y relevancia humana; El trabajo humano; 


Clave del libro, es la visión comprensiva que Moro posee de los acontecimientos que describe y analiza.  Para que todo vaya bien en la sociedad habría que acabar con la propiedad privada. El dinero es el causante de casi todos los males que acaecen en una sociedad… 


¿Es el dinero la raíz última de los males?. ¿Es el dinero uno de los eslabones en el determinismo mecanicista de la historia? O, puesto de manera más positiva, ¿la eliminación del dinero en Utopía, y con ello la posibilidad de acumular bienes privados, es razón del bienestar de los utopienses? 


¡No, no es ésa la razón!, sino otra bien distinta.  Si los negocios humanos funcionan bien en Utopía, si la gente trabaja y cede voluntariamente el producto de su trabajo, si no existe codicia por acumular bienes ni intención de alzarse con el poder… es porque los valores espirituales priman sobre los materiales.

 

No es porque no exista el dinero, o la propiedad privada. Es el amor al prójimo y la esperanza de una vida futura premiada por Dios, lo que les mueve a trabajar y servir a sus conciudadanos.

 

Más allá de la desaparición de la propiedad privada o del dinero, la lección que quiere dar Moro es ésta: “que la ambición, el orgullo y los vicios sensuales han rebajado de tal forma la conducta cristiana de los pueblos. Que es vergonzoso contemplar cómo los utopienses, que no han recibido la Revelación, se mantienen a un nivel superior al de los reinos que se llaman cristianos.

 

Quien hace del dinero, o de la posesión de bienes, la fuente de los vicios, está en realidad transfiriendo las funciones económicas de estos medios a la esfera ética, midiendo los males por las riquezas y haciendo al dinero patrón de la esfera moral.

 

¿Puede un político ser honesto, si se dedica a fabricar bebidas alcohólicas, ser dueño de bancas de juegos de azar, traficar con drogas, robar, promover vicios…? ser corrupto. A engañar a sus clientes…

 

Porque cuando una sociedad no responde a la llamada de Dios, y la desprecia, viene a caer en una situación más lamentable que la de aquellos que se guían por la mera razón natural.

 

Tomás Moro da gran importancia a la educación para obtener estos objetivos. El principal personaje de Utopía es Rafael Hythiodeo, un portugués, que dice que viajó con Américo Vespucio, es el personaje principal, él  es quien  conoce a la isla UTOPÍA. El dice; La educación no es para formar a personas como ladrones, que luego habrá de ajusticiar, sino debe ser conforme a las verdaderas virtudes cívicas.

 

Tomás Moro le propone a Hythlodeo que todo lo que ha aprendido en sus viajes y en la isla de Utopía lo lleve a la Corte, para enseñarlo y que sirva de orientación a los que gobiernan.

 

Si no es posible erradicar de inmediato los principios erróneos, ni abolir las costumbres inmorales, no por ello se ha de abandonar la causa pública, que es la política. El buen saber político tiene una forma y un tiempo que resulta indispensable cuidar.

 

En el pasaje de Utopía donde se trata de los cargos públicos en la isla se dice, por ejemplo, que “a las sesiones del Senado asisten dos sifograntes (ancianos sabios, jefes de tribu), distintos cada día, estando previsto, que no se ratifique ningún asunto tocante al Estado si no ha sido sometido a debate en el Senado por lo menos tres días antes, para que ellos conozcan y estudien los asuntos, sin improvisaciones.

 

Todo intento de resolver asuntos públicos fuera del Senado o de las asambleas de ciudadanos, se considera gravísimo delito”.

 “El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia.

 

Cuando vemos que muchas veces el dinero o el “tener” es el motivo único de tantas personas en la política −cuando se hace gala más lo que se tiene, que lo que se es−, comprobamos cómo ese modelo de vida genera tantas discriminaciones y abusos de los derechos humanos.

Cuando encontramos un político honesto, como fue Tomás Moro, es un gran descubrimiento.

 

Es Rafael Hythlodeo el que hace la descripción de Utopía y describe las bondades de la isla, que según él mismo considera, serían consecuencia del sistema económico que rige en la isla, de esa visión comunitaria que él mismo ha visto y disfrutado, y en la que no existe ni dinero ni propiedad privada.


Hythlodeo; De todas maneras, mi querido Moro, si he de decirte con sinceridad lo que tengo en mi conciencia, me parece que donde quiera que exista la propiedad privada, allá donde todo el mundo mida todo por el dinero, resultará poco, menos que imposible, que el Estado funcione con justicia y propiedad.

 

Estoy firmemente convencido de que será imposible una distribución justa y equitativa de los bienes y una satisfactoria organización de los asuntos humanos, si no se suprime totalmente la propiedad privada.

 

Moro: “Pues yo pienso todo lo contrario. Jamás será posible el bienestar allá donde todos los bienes sean comunes.

 

¿Cómo se va a conseguir que haya abundancia de bienes si todo el mundo se sustrae del trabajo? No sintiéndose urgidos por necesidades personales, los hombres se volverán perezosos, confiando en la laboriosidad del prójimo. Y al verse hostigados por la pobreza, y sin ley que proteja el derecho a los bienes que se han adquirido, ¿No se debatirán irremediablemente en perpetua matanzas y revueltas?

 

La propuesta de suprimir el dinero, y con él la propiedad privada, no supone inferir una postura pesimista por parte de Moro.  ¿Quién ignora que los fraudes, robos, rapiñas, reyertas, motines, guerras, levantamientos, asesinatos, traiciones y envenenamientos quedarían definitivamente extinguidos junto con la supresión del dinero?


Y al mismo tiempo que el dinero, desaparecerían también el temor, la inquietud, las preocupaciones, las fatigas y vigilias, y hasta la pobreza misma −única que parece andar corta de dinero−; también ella decrecería tan pronto se eliminase totalmente el dinero en el mundo”

 

 

El trabajo, como elemento necesario y prioritario en la vida de los utopienses, se destaca como referencia constante en la obra de Tomás Moro. Lo considera elemento indispensable para una sociedad que, como UTOPÍA pueda ser considerada feliz y próspera.

 

En el libro primero de Utopía, Moro se duele de esa sociedad que se llama cristiana, pero donde el dinero lo puede todo y los hombres rehúyen el trabajo, tratando de triunfar a costa del sudor ajeno. La contrapartida se hallaría en la isla de Utopía, que aun siendo pagana, nos da ejemplo de vida honrada y laboriosa. El trabajo se trata de modo específico en el capítulo dedicado a las artes y oficios de los utopienses.

 

En Utopía nadie anda ocioso, sino que todos trabajan, de un modo armónico y equilibrado. En Utopía el trabajo es algo esencial, pero nunca se tratará de un fin de la buena vida, sino un medio para la vida buena.

 

Tomás Moro no perderá jamás , ni en la obra ni en su vida, la jerarquía de bienes y amores que ha de tener la vida cristiana; y por lo mismo tendrá muy clara la distinción de lo que son fines, por más ocultos o espirituales que sean, y lo que son medios, por más manifiestos y materiales que se muestren.

 

En Utopía se trabaja tan solo seis horas al día, con tiempo libre para comer, divertirse y dedicarse a las cosas del espíritu. Seis horas bastan porque se trabaja con intensidad y porque nadie se crea más necesidades que las que exige la vida. Los únicos no obligados al esfuerzo son los viejos y los enfermos.

 

Es muy positiva por tanto la valoración que se hace en Utopía de los oficios, hasta el punto de prescribirse que “todos −hombres, y mujeres− han de aprender un oficio”.Pero dentro de ese principio general, Moro destaca de entre todos los oficios, uno que se considera obligatorio para todos los ciudadanos; es la agricultura.

 

En efecto, todos los utopienses sin excepción, sea cual sea el oficio que tengan; a veces se tratará además de trabajos en el campo, se instruyen en el arte de la agricultura desde la niñez.

 

En este sentido, Tomás Moro, imbuido quizá por el espíritu religioso que hacía de la agricultura una ocupación digna y necesaria para los mismos monjes contemplativos. “De todo lo que sirve para la adquisición de bienes, nada es superior a la agricultura, nada es más fecundo, ni más agradable, ni más digno de un hombre libre”

 

¿Por qué? Porque en ella el trabajo en la agricultura está conciliado con la seguridad de poseer bienes suficientes (excedentes) para su subsistencia, y un sistema de solidaridad que aleja a los utopienses de todo posible temor por su mantenimiento y estabilidad económica.

 

En el caso concreto del trabajo en la agricultura aún es más manifiesto, porque lo propio de un verdadero humanista, es ese intento de armonía entre la ciudad y el campo, la urbe y el agro. Para los ciudadanos de Utopía, el trabajo es signo y medio de liberación humana y base de la dignidad individual. Así es la vida y obra de este político honesto, llamado Tomás Moro. “El hombre no se puede separar de Dios, Ni la política de la moral”. Tomás Moro

 

UTOPÍA es un país en el que no existe nada privado, todo es común y por lo que nadie carece de nada. Sus habitantes son ricos aunque nada posean.  La idea de una isla “ningún  lugar” es una imagen perfecta, porque supone la necesidad de descubrir ese lugar.

 

Unos de los antecedentes a la obra de Tomás Moro, son LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES, que dice; “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba suyo lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común…

 

No había entre ellos ningún necesitado porque los que eran dueños de campos o casas los vendían, llevaban el precio de la venta, lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 4, 32-35).

 

Este pasaje de los Hechos  de los Apóstoles, describe bien a Moro no sólo por ser mártir de la fe,  sino por su honestidad, coherencia y testimonio de vida cristiana, por su unidad de vida.


Junto a los Hechos de los Apóstoles, en Tomás Moro hemos de destacar la influencia notable de San Agustín, como lo demuestra el hecho de que en sus escritos sea el autor más citado entre todos los Padres de la Iglesia. Tenía un profundo conocimiento de “La Ciudad de Dios”, el libro de San Agustín, sobre los dos amores que fundaron sendas ciudades; la terrena y la celestial.

 

Ambos autores buscan ante todo comprender la relación entre la Ciudad de Dios, que no se puede, ni se debe identificar con la Iglesia terrenal, y la Ciudad de los hombres, tampoco identificable con cualquier tipo de forma de gobierno.

 

En ese sentido, las obras de San Agustín y Tomás Moro, leídas en sus contextos históricos llenan de luz la doctrina tradicional de la Iglesia respecto a la relación de la Iglesia y del poder político. Uno de Teología de la Historia, otro de pensamiento utópico. Moro, como San Agustín, poseía una fuerza interna: su pasión por la verdad, heredades de  Sócrates, Platón y Aristóteles.

 

Los abogados, los católicos, los politicos, los gobernantes, los laicos católicos, debemos conocer la vida, obra y acciones de Tomás Moro, un modelo para nuestra sociedad.

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Tomás Moro; Abogado.  24 DE JUNIO. DÍA DE TOMAS MORO. José Gómez Cerda

Tomás Moro; Abogado

 

24 DE JUNIO. DIA DE TOMAS MORO

 

José Gómez Cerda

 

Tomás Moro fue un político y gobernante en el siglo XVI, en Inglaterra, también es un modelo de abogado, que debiéramos conocer en su profesión.

Erasmo de Rotherdam  calificó a Tomás Moro como un  hombre para todas las horas y se ha dicho que por su ejemplo es; abogado para todos los tiempos.

Tomás Moro, más allá de su obra “Utopía” fue un abogado admirado y un juez aclamado, que a diferencia de altísimos cargos jurídicos modernos, no se dejó seducir por los cantos de sirena de dignidades regias ofrecidas por Enrique VIII, y el precio que pagó por no dar su juramento y bendición jurídica a una nulidad matrimonial contra el Derecho vigente en su vida.

La película “Un hombre para la eternidad”, filmada en 1966,  de Fred Zinnemann refleja espléndidamente la tensión entre principios y creencias religiosas frente al poder del monarca y nobles que le sostienen.

Es necesario transportarse a un tiempo en que la ley, el poder y el pueblo se enzarzaban en sobrevivir a costa de los otros, Nos mostrarán que ni la abogacía ni las insidias políticas actuales están tan lejos de aquéllos sucesos. ¡ No está de más una mirada al pasado!.

 

Las habilidades de abogado de Tomás Moro  lo llevaron al servicio público, como diplomático, como encargado de administrar justicia en la ciudad de Londres, como parlamentario, y miembro del Consejo del Rey, hasta llegar al más alto cargo del reino como Lord Canciller de Inglaterra.  ¡Fue el primer laico en ocupar este alto puesto!

 

El deseo de Enrique VIII de disolver su matrimonio con Catalina y casarse con Ana Bolena, sería el inesperado accidente que desviaría al reino de Inglaterra de la unión con la Iglesia de  Roma, para terminar dentro de la órbita del movimiento de la Reforma iniciado por Lutero.

 

Moro, sin incurrir en temeridad o precipitación, renunció a su cargo y pretendió retirarse de la política para dedicarse a la familia y a su devoción. Pero su silencio era demasiado elocuente para un Reino que veía en el gran abogado y juez la representación de la rectitud y la integridad moral.

Compelido a jurar las leyes que legitimaban el nuevo matrimonio del Rey y su nueva calidad de jefe supremo de la Iglesia inglesa, se negó a hacerlo invocando que su conciencia no le permitía tal proceder. Fue  juzgado y condenado por traición y ejecutado por decapitación el 6 de julio de 1535.

Como abogado, uno de sus más eminentes biógrafos afirmó que “Tenía condiciones para la actuación, era un excelente orador, manejaba los recursos de la retórica y la argumentación, pudiendo mirar un problema desde distintos puntos de vista y sin comprometerse desde un comienzo con una sola solución, era además amante de la ley y del orden y de una severa pero compasiva justicia”

En  Tomás Moro el abogado estuvo muy metido en su propia personalidad, desde que mezclaba condiciones de actuación, negociación, argumentación en pro y en contra de una determinada situación y un exquisito sentido práctico.  Pudo llegar a ser agresivo y mordaz, o suavemente persuasivo, pero siempre convincente.

Sus textos revelan la tenacidad, la sutileza y el ingenio de sus ataques frente a  sus oponentes,  que continuamente cambia o extiende su línea de ataque buscando las más pequeñas inconsistencias, encontrando puntos débiles o derechamente burlándose de los errores terminológicos o de fondo del oponente; Moro, como abogado, es lo máximo del hombre inteligente y práctico.

Otra característica de Moro en la que se observa el perfil profesional del abogado, es la capacidad para mirar un problema jurídico desde distintos puntos de vista y contraponer argumentos que miran hacia soluciones opuestas, sin que necesariamente dijera cuál era en definitiva su postura definitiva

Las crónicas cuentan que cuando le llegaba un cliente se tomaba un buen tiempo en estudiar pormenorizadamente el asunto, exigía que se le dijera toda la verdad. Luego concluía: “si el caso es como me ha declarado me parece que ganaremos el asunto”. El “me parece” revela que aun en este caso Tomás Moro no aseguraba completamente la victoria, sabiendo que el fortuna en juicio no depende exclusivamente del abogado.

 

Pero si pensaba que la ley no favorecía las pretensiones del cliente, se lo decía francamente y le alentaba a desistirse mostrándole la injusticia en que incurriría si prosiguiera el asunto ante los tribunales. Si no lo convencía, lo remitía a otros abogados y no tomaba el pleito.

 

Erasmo de Rotherdam  destacó que como under-sheriff (alguacil),  Tomás Moro adquirió una reputación de hombre de decisiones rápidas y justas, condonando muchas veces a los litigantes el pago de las costas, de manera que la ciudad le ganó un gran aprecio.

 

Como profundo conocedor del Derecho, Tomás Moro elevó el nivel de los  tribunales y flexibilizó la interpretación estricta y literal de las leyes.

Como Canciller de Inglaterra  estaba facultado para introducir elementos de equidad en el fallo de los casos, mediante la formación de su conciencia, no arbitrariamente, sino de acuerdo con las reglas y los fundamentos del derecho.

La forma de entender esta función judicial por parte de Moro generó críticas en los jueces de derecho común que solían seguir los dictámenes de los jurados y aplicar mecánicamente el precedente y las formas procesales.

Para solucionar un impasse, Tomás Moro invitó a cenar a los jueces descontentos en la Cámara del Consejo en Westminster y con ellos examinó detalle a detalle las causas que habían suscitado polémica, hasta verificar que los jueces concluyeron que ellos habrían actuado del mismo modo que Moro.

Entonces, el  Canciller Tomás Moro les propuso que fueran ellos mismos los que moderaran el rigor de la ley mediante una más atenta consideración de la justicia y la equidad del caso y, en tal evento, él se abstendría de modificar las sentencias por medio de sus mandamientos judiciales.

Los jueces sin embargo no aceptaron la propuesta. Moro le contó a William Roper, esposo de su hija,  que presumía que los jueces preferían atenerse al veredicto del jurado y a la ley estricta, para evitar que las críticas de los justiciables se desviaran del jurado hacia ellos.

Otra innovación que se debe a Moro, y que revela el aprecio por el oficio de abogado, es que permitió que las partes pudieran comparecer por medio de abogado y no estar obligadas a acudir en persona al tribunal.

Tomás Moro fue hecho prisionero, el 17 de abril  de 1534, fue confinado en la Torre de Londres. La prisión formalmente era ilegal, ya que no había una ley que penalizara la negativa a prestar el texto del juramento, pero el mismo  Thomas Cromwell le hizo saber a través de la  hija de Moro,  Margaret, autorizada a visitarlo en prisión, que el Parlamento podía seguir legislando.

El 28 de junio de 1535, un Gran Jurado en Westminster emitió una citación para llevar a juicio por traición a Tomás Moro. El juicio se celebraría el jueves siguiente a la fiesta de San Juan Bautista, el 1 de julio. Moro había permanecido ya 14 meses en prisión.

 

El 4 de noviembre de 1534 el Parlamento aprueba varias normas castigando la alta traición, en las que se incluye a Moro y se le confiscan sus bienes, el Acta  151 de  Attainder.

El procedimiento seguía siendo ilegal, ya que se castigaba jurar una supremacía que el Parlamento no había declarado. Sólo el 18 de noviembre de 1534 se puso en vigor la Ley de Supremacía, que declara ya sin condicionantes a Enrique VIII como el jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra.

Moro señaló que no culpaba a nadie de haber jurado, pero que él debía ser fiel a su propia conciencia. La Comisión insistió en que diera las razones por las cuales se negaba, acusándolo de obstinación por no explicarlas. Moro que conocía la ley respondió: “si no puedo declarar las causas sin peligro, en tal caso, dejarlas sin declarar no es obstinación”: nadie está obligado a declarar en su propio perjuicio.

El arzobispo  Thomas  Cranmer le opuso una objeción importante: si se trataba de una cuestión dudosa, como el mismo Moro reconocía, lo justo es que se inclinase por su deber de obedecer al Rey.

La agudeza del argumento es reconocida por el mismo Moro: “este argumento me pareció de repente tan sutil y con tal autoridad… que no pude responder nada, sino sólo que pensaba que no podía hacerlo así, porque en mi conciencia éste era uno de los casos en los que estaba obligado a no obedecer a mi príncipe, dado que cualquier cosa que otros pensaran en el asunto… en mi conciencia la verdad parecía estar del otro lado”.

Se esgrimió, también, que su actitud era temeraria por ir contra la opinión ampliamente aceptada por el gran Consejo del reino. Moro contestó que su criterio se apoyaba en una mayoría más relevante: “el consejo general de la Cristiandad”.

Se le arguyó que tanto  Juan Fisher, Obispo desobediente  del Rey, como Moro,  aludieron al ejemplo de una espada de doble filo en sus interrogatorios, en el sentido de que si no juraban perdían su cuerpo y si juraban perdían su alma.

Frente a la objeción de que su mismo silencio prueba una voluntad perversa contraria a la ley, Moro arguye que, al revés, podría aplicarse la máxima del derecho civil: qui tacet consentiré videtur (quien calla otorga), de modo que el silencio más debía interpretarse como una aprobación, que como una reprobación de las leyes no juradas.

Nada hay en contra de Moro más que este perjurio, en todo caso desvirtuado por el mismo acusado. No obstante, se pasa de la fase expositiva a la deliberativa y se manda a un ujier  tipo de criado de palacio que correspondía a portero)  a llamar al jurado compuesto por 12 miembros que deben consultar la acusación, las pruebas producidas y juzgar si Moro había contravenido maliciosamente la ley.

Se retiraron  para deliberar y quince minutos después vuelven con el veredicto: Moro es culpable.

Audley intenta apresurarse a concluir el trámite dictando sentencia, pero el jurista experto que tiene al frente le hace ver que está faltando a una norma del debido proceso según la cual se debía previamente preguntar al acusado por qué en su concepto no debería ser condenado.

Tomás Moro dijo; “Lord, cuando yo administraba justicia en semejantes casos, se acostumbraba preguntar al reo antes de la sentencia los motivos que aducía en contra de ella”.

Audley, desconcertado, accedió, pero pronuncia finalmente la sentencia de condena a ser ahorcado, desentrañado y troceado. El Rey la conmutó por la decapitación en atención a los servicios prestados a la Corte.

Este abogado es un modelo en su profesión: Tomás Moro no sólo fue un honesto político y gobernante, también  lo fue como abogado.

NOTA. Este artículo es parte del libro “TOMÁS MORO, POLÍTICO Y GOBERNANTE”

 

Vídeos sobre Tomás Moro

 

https://www.youtube.com/watch?v=fdFDMnOUR3s&feature=share

 

https://www.youtube.com/watch?v=WZM-pJYh97c&t=8s

Programa “política entre amigos” con la  Dra. Doris Castro

 

https://www.youtube.com/watch?v=2RdbzmJsTN4&t=265s

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La Utopía política de Tomás Moro. José Gómez Cerda

La Utopía política de Tomás Moro

José Gómez Cerda

 

Tomás Moro,  1478-1535, de extraordinaria formación intelectual, estudioso de los clásicos, Sócrates, Platón y Aristóteles,  uno de los máximos expositores del humanismo cristiano, durante el renacimiento del siglo XVI, en especial del pensamiento de San Agustín, y su obra “La Ciudad de Dios”. Escribió UTOPÍA, obra que todavía es un clásico para los estudiosos de la política y el humanismo.


Pese a que su actividad como escritor y traductor fue abundante (Epigramas, Diálogos de Luciano, Vida de Pico de la Mirandola), no cabe duda de que Utopía , de 1516, es la obra más importante e influyente de Tomás Moro, escrito en el que se platea el problema de la legitimidad y la fundamentación del poder,  que inaugura el pensamiento político de la modernidad, junto con Maquiavelo (El príncipe) y La Boétie (Discurso de la servidumbre voluntaria).

El proceso de progresiva secularización de la sociedad, así como la crítica a la inadecuación de las instituciones políticas y eclesiásticas que culminaron en la Reforma, exigían una nueva manera de plantearse el problema político  de la relación entre lo público y lo privado o, lo que es lo mismo, la cuestión de la articulación entre la esfera de la moral y la de la praxis


El libro de Tomás Moro, Utopía está dividida en dos partes. En la primera, escrita después de la segunda, Moro se lanza a una enérgica crítica de la situación política y social de Europa, centrándose especialmente en la Inglaterra de mediados del siglo XVI.

 

Todos los males que acechan al hombre no son producto de un designio divino ni surgen de su propia naturaleza.

 

En el segundo libro de Utopía, Rafael Hythlodaeo nos describe la isla de los utopienses: una comunidad de trabajadores que, gobernados por los más sabios, actúan con vistas al bien común.

 

En ella no existe la propiedad privada, sino que todos producen, participan y disfrutan de los bienes, por lo que la miseria y las revueltas y revoluciones asociadas a ella desaparecen:

 

«Pues la realidad misma enseña que se engañan de medio a medio quienes opinan que la indigencia del pueblo es la garantía de la paz.

 

En efecto, ¿dónde hallas más dependencias que entre los pobres?

 

¿Quién se aplica con más ahínco a transformar las cosas sino a quien la situación presente no agrada lo más mínimo? ¿O quien, finalmente, está poseído de una furia más audaz para subvertir todo con la esperanza de lograr algo de donde sea, sino quien ya no posee nada que pueda perder?» (Utopía, Libro I).

 

Ahí están los nobles cuyo número exorbitado vive como zánganos a cuenta de los demás. Con tal de aumentar sus rentas no dudan en explotar a los colonos de sus tierras, desollándolos vivos. Derrochadores hasta la prodigalidad y mendacidad, es el único tipo de administración que conocen.

 

Pero, además, se rodean de hombres haraganes que nunca se han preocupado de saber ningún modo de vivir y trabajar.

 

La obra Utopía  es una república ideal, más posible históricamente si la política se supedita a la moral, se elimina la propiedad privada, el dinero, el ejército y la intolerancia. Utopía es utópica no por ser irrealizable, sino por no haber sido cumplida todavía.

 

Tomás Moro es actualmente un santo y patrón de los políticos y los gobernantes, quienes debieran conocer el pensamiento y la acción de este político honesto, modelo de abogado, jurista, político, quién llegó a ser el primer laico canciller de Inglaterra, el segundo en el mando, después del rey,  cuando ese país era la primera potencia del mundo.

 

“El hombre no puede ser separado de Dios, Ni la política de la moral.”

 

NOTA. Este artículo es un fragmento del libro TOMÁS MORO, POLÍTICO Y GOBERNANTE,  de José Gómez Cerda

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En la Feria del Libro Católico presentaron el libro  digital sobre Tomás Moro.

En la Feria del Libro Católico presentaron el libro  digital sobre Tomás Moro.

 

El libro digital  “Tomás Moro: Político y Gobernante”, escrito por José Gómez Cerda, fue puesto en circulación   anoche en la Feria del Libro Católico, que se realiza en la Casa San Pablo, de Santo Domingo. 

 

También fue presentada la novela “Te Amaré Más”, escrita por Pablo Delgado Méndez.

 

El libro  “Tomás Moro; Político y Gobernante” es de interés para los políticos, abogados, juristas, profesores,  gobernantes, y todos aquellos interesados en la política y el arte de gobernar. Tomás Moro es un modelo como humanista cristiano. El es el patrón de los políticos y gobernantes.

 

Este libro tiene un prólogo del Lic. Ignacio Miranda, Presidente de la Fundación Humanismo Integral.

 

En la obra de  Tomás Moro  encontramos  un ejemplo de vida, un político honesto, modelo para aquellos laicos que, queriendo vivir en medio del mundo, buscan  transformarlo para llevarlo a Dios. Fue modelo de político, honesto por su afán de servir, veía la política como su modo de servir a Dios.

 

Su libro político “Utopía” es un instrumento de reflexión -con un método sin duda peculiar, novedoso y eficaz-, para la búsqueda de un mundo mejor. Destacando tres temas de esa obra que consideramos especialmente relevantes: La supresión del dinero, eliminación de la propiedad privada y la dignidad y relevancia humana, y el trabajo humano.

 

Tomás Moro fue un hombre para la eternidad. Un modelo de abogado.

 

Tomás Moro se opuso al divorcio del rey Enrique VIII, para casarse con su amante Ana Bolena, lo que le costó que el rey le mandara a cortar el cuello. Dio su vida para defender la religión Católica, sus principios, valores y ética.

 

En su contenido este libro sobre Tomás Moro, trata sobre;

 

Juventud y Formación Intelectual, Utopía, Tomás Moro; Abogado,  sus amigos; Erasmo de Rotherdam y Juan Luís Vives, Juan Fisher.  El humanista cristiano, Tomás Moro frente al rey Enrique VIII, el Proceso penal, su ejecución, sus últimas Cartas, el Jurista; Política y Gobernante.

 

Además  sobre su hija Margarita, una Obra de Teatro Sobre Tomás Moro, Los Socialistas Utópicos, Beatificación y Canonización de Tomás Moro, La Asociación Internacional Amigos de Tomás Moro, la película “Un Hombre para la Eternidad”.

 

Santo Tomás Moro, Patrón de los Políticos y los  Gobernantes, Tomás Moro en la República Dominicana, Obras de Tomás Moro, libros escritos sobre él  en español y una conclusión.

 

La presentación del autor y del libro estuvo a cargo del Lic. Ángel Gomera, de los Cursillos de Cristiandad.

 

Varias decenas de dirigentes sociales y religiosos estuvieron presentes en el acto de puesta en circulación del libro sobre Santo Tomás Moro.

 

“El hombre no puede ser separado de Dios, Ni la política de la Moral”